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Explora cómo reparar consolas viejas alarga la vida del juego

El mes pasado llegó al taller una PlayStation 2 dentro de una bolsa de supermercado. Su dueño, un chico de 16 años, la había heredado de su tío y quería saber si valía la pena arreglarla o si convenía tirarla. No leía discos.

Ilustración abstracta para Explora cómo reparar consolas viejas alarga la vida del juego

El mes pasado llegó al taller una PlayStation 2 dentro de una bolsa de supermercado. Su dueño, un chico de 16 años, la había heredado de su tío y quería saber si valía la pena arreglarla o si convenía tirarla. No leía discos. Después de limpiar la lente y ajustar un poco el mecanismo, leyó. Costo total: un hisopo, unas gotas de alcohol isopropílico y unos 40 minutos.

No todas las reparaciones son así de rápidas, pero muchas más de las que la gente cree lo son. Y cada consola que vuelve a funcionar es una biblioteca entera de juegos que vuelve a ser jugable, con sus partidas guardadas, sus mandos originales y esa forma de jugar que ningún emulador replica del todo.

Antes de abrir nada: seguridad eléctrica

Pongo esto primero a propósito. Una consola es un aparato que se enchufa a la red, y algunas partes pueden lastimarte aunque estén desenchufadas.

  • Desenchufa siempre. No basta con apagar. Saca el cable de la pared y, si la consola tiene fuente externa, desconéctala también. Espera al menos 10 minutos antes de abrir.
  • Cuidado con la fuente de alimentación. Muchas consolas tienen la fuente adentro, como la PlayStation 2 de modelo grueso o la PlayStation 3. Esas fuentes tienen un capacitor grande en el lado primario que, en una red de 220 V, se carga a más de 300 V de corriente continua. Puede conservar parte de esa carga un buen rato. Si no sabes descargar un capacitor de forma segura, no metas la mano en la fuente. Reemplaza la fuente completa o pide ayuda.
  • Los televisores CRT son otra liga. El tubo de un televisor de rayos catódicos puede guardar una carga de miles de voltios, del orden de 25 000 V en el ánodo, durante días o semanas después de desenchufarlo. No abras un televisor CRT para "ver qué tiene". Si tu consola retro funciona pero la imagen no, arregla la consola y deja el televisor a alguien con formación específica.
  • Trabaja sobre una superficie seca, con buena luz y lejos de líquidos. Una pulsera antiestática barata protege los chips de descargas que tú ni sientes.

Con esto claro, la mayor parte de las reparaciones de consolas son de muy bajo riesgo. Lentes, mandos, cartuchos, ventiladores y pasta térmica no tienen tensiones peligrosas.

Las fallas más comunes, y cuáles valen la pena

Después de unos cuantos años reparando en el taller, mi lista de fallas frecuentes se parece a esta, ordenada de más fácil a más difícil:

Cartuchos que no arrancan. Casi siempre son contactos sucios u oxidados. Alcohol isopropílico de 99 por ciento y un hisopo, o una goma de borrar blanca pasada con suavidad. Si el cartucho guarda partidas con pila, ese es otro tema: la pila se agota con los años y hay que cambiarla, idealmente después de respaldar la partida.

Lentes que no leen discos. Primero limpieza. Si no alcanza, a veces hay un potenciómetro de ajuste de potencia del láser. Muévelo poco, un cuarto de vuelta como mucho, porque subirlo demasiado acorta la vida del láser. Si nada funciona, una lente de repuesto suele costar entre 10 y 25 dólares.

Mandos con deriva o botones muertos. Los joysticks analógicos se gastan. En muchos mandos modernos el módulo del stick se puede reemplazar con un soldador y paciencia. Los botones que no responden suelen tener la membrana de goma sucia.

Sobrecalentamiento. Polvo acumulado y pasta térmica seca. Una consola de 15 años nunca tuvo su pasta cambiada. Limpiar el ventilador y renovar la pasta baja la temperatura de forma notable y prolonga la vida del chip.

Capacitores que gotean. Algunas consolas portátiles de los noventa, como la Game Gear, son conocidas por tener capacitores electrolíticos que con el tiempo pierden líquido y corroen la placa. Los síntomas son sonido débil o pantalla apagada. Reemplazarlos, lo que se llama "recapear", exige soldar bien. No es para el primer día, pero tampoco es imposible.

"Mételo al horno": un consejo que hay que dejar de repetir

Hace unos años circulaba mucho este truco para consolas con fallas de soldadura en el chip gráfico, como la famosa luz roja de la Xbox 360 o la luz amarilla de la PlayStation 3: sacar la placa, meterla al horno de la cocina unos minutos, y listo.

Lo he visto funcionar. También lo he visto fallar a las dos semanas. El calor del horno funde la soldadura lo suficiente para restablecer contacto, pero no corrige la causa. En muchas de estas placas, el problema de fondo está en las bolitas de soldadura bajo el chip, que se fatigan con los ciclos de calor, o en el propio chip. El horno solo compra tiempo.

Además, meter una placa con componentes plásticos y restos de fundente en el horno donde cocinas no es buena idea. Si el diagnóstico es ese, la reparación seria es un reballing con estación de aire caliente o el reemplazo de la placa. Si no tienes esas herramientas, es mejor guardar la consola y esperar a alguien que las tenga, antes que hornearla tres veces y dañarla del todo.

Herramientas que de verdad necesitas

No hace falta un taller profesional. Con este kit he resuelto alrededor de 8 de cada 10 consolas que llegan:

  1. Destornilladores de seguridad: tri-wing para muchas portátiles de Nintendo, y puntas de seguridad de 3,8 mm y 4,5 mm para cartuchos y consolas de sobremesa antiguas.
  2. Un multímetro básico para medir continuidad y voltajes de salida de la fuente.
  3. Un soldador con regulación de temperatura. Para soldadura con plomo, 320 a 340 °C. Para la soldadura sin plomo de placas más modernas, un poco más.
  4. Malla desoldante, flux, alcohol isopropílico y pasta térmica.
  5. Bandejas o una caja de huevos para separar tornillos por etapa. Ahorra muchísimo tiempo.

Si tienes impresora 3D, puedes fabricar piezas que ya no se consiguen: tapas de pilas, soportes de ventilador, pestañas rotas de carcasas. Lo contamos más en detalle en el artículo sobre cómo la impresión 3D cambia los accesorios para gaming.

Por qué reparar alarga la vida del juego, no solo de la consola

Una consola funcionando mantiene vivos todos sus juegos físicos. Eso suena obvio, pero tiene consecuencias. Hay juegos que nunca se reeditaron y que solo se pueden jugar en su hardware o en emulación. Hay accesorios, como pistolas de luz, que no funcionan en pantallas modernas y dependen de una consola original conectada a un CRT.

También están las partidas guardadas. Una tarjeta de memoria con 200 horas de juego de alguien tiene un valor que no aparece en ninguna tienda. Cuando la familia de aquel chico de la PlayStation 2 encendió la consola, encontraron las partidas del tío. Esa reparación de 40 minutos rescató algo que ningún producto nuevo podía reemplazar.

Y está el tema de la basura electrónica. Tirar una consola que se podía arreglar con un hisopo es tirar plástico, metales y plaquetas que tardan décadas en tratarse. En el hacklab preferimos reparar antes que comprar, y cuando una consola ya no tiene arreglo, la desarmamos para rescatar piezas. Algo de esa lógica aparece también en los juegos online que premian reparar en vez de comprar, donde el diseño de juego recompensa justamente esa actitud.

Por dónde empezar

Si tienes una consola guardada que "no anda", sácala esta semana. Desenchúfala, ábrela con los tornillos ordenados en una caja de huevos y no toques la fuente. Limpia contactos, ventilador y lente. Toma fotos de cada paso para saber cómo volver a armarla.

Puede que no funcione al primer intento. A mí me pasó con una Super Nintendo que necesitó tres tardes y un regulador de voltaje nuevo. Pero cuando arrancó y apareció el logo en pantalla, entendí por qué vale la pena. Un juego solo existe de verdad mientras alguien puede jugarlo.

SD
Sofía Duarte

Sofía diseña piezas en OpenSCAD y prefiere arreglar un objeto antes que comprar otro, aunque tarde una tarde entera.

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