Haz tu propio basurero para bolsas no reutilizables
En mi cocina había un cajón que no cerraba. Adentro vivían, apretadas, unas sesenta bolsas plásticas: las finitas del pan, las de la verdulería, las que traen el arroz, alguna de supermercado con un agujero.

En mi cocina había un cajón que no cerraba. Adentro vivían, apretadas, unas sesenta bolsas plásticas: las finitas del pan, las de la verdulería, las que traen el arroz, alguna de supermercado con un agujero. Ninguna servía para volver a cargar compras, pero todas servían para algo más: forrar el tacho del baño, juntar cáscaras, envolver un cartucho de tinta antes de tirarlo. El problema no era tenerlas. Era encontrarlas sin que el cajón explotara.
La respuesta fue un contenedor colgante hecho con una botella vacía, que se carga por arriba y se vacía de a una bolsa por abajo. Lo armé en una tarde con cosas que ya tenía. Acá cuento cómo, con medidas, y también qué cambiaría si lo hiciera de nuevo.
Antes de cortar: qué problema resuelve y cuál no
Este contenedor ordena bolsas que ya entraron a tu casa. No hace desaparecer el plástico. Lo digo porque en los talleres de reciclaje escucho a mucha gente que siente que, por guardar bolsas prolijamente, ya hizo su parte. Guardar es el paso del medio. El primero es que entren menos, y el último es que la bolsa termine en un lugar donde se pueda recuperar, si en tu ciudad existe ese circuito.
Dicho eso, ordenar tiene un efecto que no esperaba: cuando las bolsas están a la vista, en un tubo transparente, se nota cuántas entran por semana. En mi casa eran unas doce. Verlo así, apiladas, me hizo cambiar dos costumbres en un mes.
Materiales y herramientas
Todo esto se consigue sin comprar nada nuevo, o casi:
- Una botella de plástico PET de 2,5 o 3 litros, la más grande que tengas. Las de 1,5 litros sirven, pero se llenan con veinte bolsas.
- Un cúter con hoja nueva. Una hoja gastada resbala sobre el PET y ahí es cuando uno se corta.
- Una lija de grano 120 o un pedazo de cinta de tela.
- Un marcador indeleble y una regla o cinta métrica.
- Unos 40 cm de cordón, alambre forrado o un gancho de cortina viejo.
- Opcional: una vela y una aguja gruesa para hacer agujeros limpios.
Tiempo total: entre 30 y 45 minutos, contando el lavado. Sobre la botella: elegí una lisa, sin relieves marcados en el cuerpo. Las de agua mineral con anillos o las de forma de reloj de arena dificultan el corte recto y, sobre todo, frenan las bolsas al bajar. Una botella de gaseosa cilíndrica, de pared gruesa, aguanta años colgada sin deformarse.
Paso a paso, con medidas
- Lavar y secar bien. Si la botella tuvo gaseosa, enjuagala con agua tibia y dejala boca abajo una noche. Una gota de azúcar adentro atrae hormigas y además pega las bolsas entre sí.
- Cortar la base. Medí 4 cm desde el fondo y marcá una línea alrededor. Cortá por ahí. Esa abertura grande será la boca de carga, por donde metés las bolsas hechas un bollo flojo.
- Abrir la salida. Quitá la tapa. El pico de la botella mide unos 2,5 cm de diámetro interior y, para bolsas finas, alcanza. Si usás muchas bolsas gruesas, ensanchalo: dibujá un círculo de 4 cm de diámetro centrado en el cuello, donde la botella empieza a abrirse, y cortá la parte superior.
- Suavizar los bordes. Pasá la lija por los dos cortes hasta que no raspen al pasar un dedo. Si preferís, cubrilos con cinta de tela. Este paso evita que el borde rasgue las bolsas al sacarlas.
- Hacer los agujeros para colgar. A 2 cm del borde de la boca de carga, marcá dos puntos opuestos. Calentá la aguja con la vela unos 5 segundos y atravesá el plástico. Queda un agujero redondo que no se agrieta, cosa que sí pasa si lo hacés con una punta fría.
- Colgar. Pasá el cordón por los dos agujeros y anudalo. El contenedor queda boca abajo: la carga arriba, la salida abajo.
Para cargar, metés cada bolsa arrugada sin apretar demasiado. Para sacar, tirás de la punta que asoma por abajo. Si metés las bolsas una dentro de la otra, cada vez que sacás una arrastra la punta de la siguiente, como los pañuelos de papel en caja.
Lo que no funciona, aunque lo recomienden
En muchos tutoriales se propone hacer en el cuerpo de la botella un corte en forma de cruz y meter las bolsas por ahí. Lo probé. Las solapas de la cruz se doblan hacia adentro a la semana, el agujero queda deforme y las bolsas se escapan solas. Además el PET se fisura desde las puntas del corte. Prefiero dos aberturas limpias y redondas, una arriba y otra abajo, aunque lleve diez minutos más.
El otro consejo que no comparto es comprimir las bolsas al máximo "para que entren más". Cuanto más las apretás, más difícil es sacarlas de a una. Con un bollo flojo, en una botella de 3 litros me entran unas 35 bolsas finas y salen sin pelear. Apretadas entraban 50, pero tenía que sacarlas todas para encontrar una.
Un objeto que da trabajo usar termina olvidado en un rincón, por más ecológico que sea.
Variaciones según lo que tengas
Tubo de tela
Si sabés coser a mano, un tubo de tela de 50 cm de largo por 30 cm de ancho (antes de cerrarlo) con un elástico en cada extremo hace lo mismo y se lava. Yo usé la pierna de un pantalón de jean que ya no tenía arreglo. Abajo, el elástico debe dejar una abertura de unos 5 cm.
Caja de cartón
Una caja de pañuelos vacía o de cereales con una ventana de 6 por 10 cm en el frente sirve para tener dentro de un mueble. Dura menos, unos meses, pero cuando se gasta va al reciclaje de papel sin más trámite.
Versión impresa en 3D
Si tenés impresora, un aro de 4 cm con pestañas para atornillar en la puerta de un mueble mejora mucho la salida de la botella. Lo imprimí en PETG con 20 % de relleno en unos 25 minutos. Es la única pieza nueva de todo el proyecto, y es opcional.
Reducir, que es la parte difícil
Con el contenedor lleno por primera vez hice la cuenta: doce bolsas por semana son unas 600 por año. Desde entonces llevo dos bolsas de tela dobladas en la mochila y una red para la verdura. No llegué a cero, porque el pan y algunas cosas sueltas todavía vienen en bolsa, pero bajé a tres o cuatro por semana. El contenedor ahora tarda dos meses en llenarse en vez de tres semanas, y esa diferencia es el número que me importa.
Esta forma de pensar, arreglar y aprovechar antes de comprar, también aparece en lugares inesperados; hay juegos online que premian reparar en vez de comprar y, si te gusta la impresión 3D aplicada a cosas cotidianas, mirá cómo la impresión 3D cambia los accesorios.
Para esta semana: armá el contenedor y anotá en un papel pegado a la heladera cada bolsa que entra. Al domingo vas a tener tu propio número, y ese es el punto de partida.
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